Calaveritas de azúcar, una tradición viva

Chihuahua, Chih.- A mediados del mes de octubre, las calaveritas de azúcar ya aparecen en el mercado de artesanías de la calle peatonal Victoria, donde los visitantes pueden encontrar distintos tamaños y precios de este dulce típico del Día de Muertos.
“Nosotros siempre nos adelantamos 20 días a la Feria del Hueso en cuanto a la venta de estas calaveras de azúcar. Son recién hechas, fresquecitas y cada año traemos desde la Ciudad de México para ofrecerlas aquí en Chihuahua”, comentó Carlos Platero, comerciante del lugar.
De acuerdo con Platero, no sólo son un adorno indispensable para los altares de muertos, sino que también son detalle que los padres obsequian a sus hijos como incentivo escolar o bien en un postre familiar para estas fechas. El origen de las calaveritas de azúcar se remonta a la época prehispánica, cuando los pueblos mesoamericanos utilizaban cráneos reales en rituales como el tzompantli, símbolo de la muerte como parte del ciclo de la vida.
Con la llegada de los españoles en el siglo XVI, se introdujo la técnica del alfeñique que son figuras moldeadas con azúcar, que sustituyó los cráneos reales por representaciones dulces.
Ya en el siglo XVIII, las calaveritas comenzaron a popularizarse como parte de las ofrendas del Día de Muertos, en un proceso de fusión cultural que dio origen a la tradición actual.
Las calaveritas de azúcar son elaboradas a mano con moldes de barro y una mezcla de azúcar, agua y, en ocasiones, amaranto. Su colorida decoración, junto con los nombres escritos en la frente, las convierten en un símbolo festivo que honra la memoria de los difuntos.
Además de colocarse en altares y en las tumbas de los difuntos, también se obsequian a familiares y amigos, recordando que la muerte es parte natural de la vida y que cada momento debe celebrarse con dulzura.
La tradición de las calaveritas, junto con el Día de Muertos, ha sido reconocida por la UNESCO como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. En México, siguen siendo uno de los elementos más representativos de las ofrendas, un puente entre los vivos y los que ya partieron.
“Es una tradición que nunca pasa de moda. Cada año la gente busca sus calaveritas para el altar, y aquí las tendremos hasta que se termine el Día de Muertos”, concluyó Platero.




