El lado desconocido de Miguel Hidalgo: impulsor de la cerámica

“¿Ustedes sabían que Miguel Hidalgo fue, además de padre de la patria, uno de los padres del diseño en México?”, pregunta la curadora y especialista en diseño Ana Elena Mallet, en medio de un laberinto de vajillas, lámparas, jarrones y macetas, todos hechos de barro o cerámica.
El cuestionamiento deja perplejos a los presentes durante un recorrido previo a la apertura de la exposición “Barro y cerámica en México. Poéticas de lo utilitario” en el Palacio de Iturbide.
Con objetos como estos, la exposición organizada por Fomento Cultural Banamex, ofrece un recorrido jamás mostrado hasta ahora sobre la evolución del uso de estos materiales a lo largo de tres mil años de historia; son 670 piezas que fueron diseñadas para su uso cotidiano, desde la época prehispánica hasta nuestros días.
La ambiciosa exposición está dividida en 24 núcleos, organizados por el historiador del arte Juan Rafael Coronel Rivera, nieto del muralista Diego Rivera, y Ana Elena Mallet.
Coronel Rivera, destacó que la muestra hace una distinción entre el arte popular e indígena, pues se tiene que reconocer que las piezas indígenas responden a “estructuras de una civilización” como es el caso de los otomís, mazahuas o nahuas.
Mientras que de las piezas prehispánicas entre las que hay objetos de culturas mayas, el curador dijo que se tiene que considerar cómo es que “sus pigmentos, el orden escultórico y la volumetría prehispánica han tenido una gran influencia no solo en el siglo XIX sino en el XX”.
La muestra también rememora la primera exposición de arte popular en el silgo XX: “Se hizo en una casa muy cerca de la Alameda. La organizó el Dr. Atl, junto con Roberto Montenegro, Jorge Enciso, Diego Rivera y Miguel Covarrubias”.
Cruces con África, China y el mundo árabe
La exhibición buscó hacer énfasis en las diferentes influencias culturales en los diseños de barro y cerámica, como fue la llamada Nao de China, la ruta comercial marítima que unió a Asia con la Nueva España y Europa durante entre 1565-1815.
También se muestran algunas obras que a pesar de venir de España tienen una “estructura visual y cognitiva árabe”, explicó el curador.
“Cuando llegaron los españoles a América lo hacen en 1492, tomaron Tenochtitlan en 1521, pero ellos tenía 781 años de ser un califato”. Así comparan piezas de Turquía y del Islam con piezas de Oaxaca, como el barro negro, para resaltar las correspondencias árabes.

En cuanto a la influencia de China, Coronel asegura tuvo presencia en Tonalá, Jalisco. También hay piezas con influencia africana, que comenzó a esparcirse con la huida de esclavos para establecerse en zonas de Guerrero.
“Sabemos de dónde eran los negros que trajeron acá: eran yorubas, eran bantúes, y si uno ve esas expresiones de esas culturas y las compara con las máscaras y con las piezas cerámicas de esa zona de México, son prácticamente idénticas”, explicó.
Fábricas, artistas y talleres
La exposición muestra el tránsito de la producción industrial de cerámica en México, con fábricas como Ánfora y Los Fisa, que adaptaron diseños europeos y estadounidenses al gusto decorativo mexicano.
También hay piezas que reflejan el nacionalismo posrevolucionario reflejado en vajillas inspiradas en símbolos y esterotipos mexicanos, como fue la “cerámica turística” de Tonalá en los años 30, creada para el mercado extranjero.
La muestra examina la transformación técnica de la cerámica mexicana con la llegada de los hornos a alta temperatura en los años 50. Además, se muestran obras de diseñadores y ceramistas contemporáneos que experimentan con materiales, técnicas y usos no tradicionales del barro y la cerámica, como Perla Valtierra, Casa Xochiquetzal o el Taller Mono Rojo.
Fuente: Kevin Aragón
Reportero especializado en temas culturales con 7 años de experiencia. Estudié Letras en la FFyL de la UNAM.


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