Mujeres rarámuri preservan la tradición de las palmas para Domingo de Ramos

En el marco del Domingo de Ramos, mujeres de la comunidad rarámuri mantienen viva una tradición artesanal al vender palmas elaboradas por ellas mismas, las cuales recolectan directamente del desierto en las afueras de Ciudad Juárez.
Lucrecia Chávez, de 37 años, es una de las vendedoras que cada año se instala a las afueras del Santuario de San Lorenzo, donde ofrece las tradicionales palmas trenzadas a los fieles que acuden a las celebraciones religiosas.
La materia prima, conocida como palmilla del desierto, es recolectada por ellas mismas en una zona ubicada más allá del kilómetro 30, sobre la carretera a Casas Grandes.
“Nosotros lo conocemos como palmilla, la conseguimos en el kilómetro 30, más para allá. Ahí nos las encontramos, las trenzamos, nosotras. Yo aprendí de mi suegra, ella es la que también venía a vender aquí y pues ella fue la que me invitó”, relató.
El proceso de recolección y preparación es complejo y requiere esfuerzo físico. “Lo más difícil es cuando los arrancas y cuando recién las traes porque te espinas mucho y le tienes que quitar lo que está seco”, explicó Lucrecia.
Añadió que el trabajo comienza días antes de la celebración: “Cuando estamos en la casa, ya empezamos a limpiar. Las vamos trayendo desde el domingo pasado, una semana antes”.
Cada palma es distinta, ya que su elaboración depende de quien la teje. “Cada quien los hace como conforme a su creatividad”, señaló.
Además, destacó de las vendedoras dependen de esta práctica como una forma de ingreso adicional.
“Somos de la colonia Tarahumara, somos rarámuris, por donde está el Cerro la Biblia. Ellas (dijo al tiempo que señaló a otras vendedoras de palmas), vienen del kilómetro 30, son dos colonias diferentes de donde venimos”.
Sobre la recolección, insistió que no se trata de comprar el material, sino de buscarlo directamente en el desierto.
“Es de ir a arrancar. Nosotros vamos y las arrancamos de fuera de la ciudad, está retirado, pasamos el kilómetro 30 todavía como dos o tres kilómetros más para allá”, indicó.
Sin embargo, reconoció que cada vez es más difícil encontrar la palmilla: “Se batalla ahorita para conseguir, a veces está en la carretera, no tienes que meterte hasta allá, pero sí en las orillas se puede encontrar”.
Finalmente, señaló que aunque esta tradición se transmite entre generaciones, no todos los jóvenes muestran interés en continuarla.
Si bien a muchos niños de la comunidad se les enseña a tejer las palmas, otros ya no quieren seguir con esta práctica debido a lo laborioso del proceso, concluyó Lucrecia Chávez.




