Martín convirtió la entrada de un hospital en su hogar por amor a su dueño

Trabajadores del centro médico cuentan que el gallo se quedó en el lugar después del fallecimiento de su amo. Desde entonces, recorre la entrada principal, descansa en una estructura junto a la calle y busca alimento en los puestos de comida cercanos, donde algunas personas le ofrecen pan o arroz.
Su presencia se ha vuelto parte de la vida cotidiana del hospital. María del Carmen Gamón, empleada administrativa, explicó que Martín suele subir a los árboles cuando llueve o cae la noche. Por su carácter reservado, pocas personas pueden acercarse a él, salvo quienes le recortan las espuelas para evitar que se lastime.
El personal incluso ha intervenido para evitar que se lo lleven. En una ocasión, una mujer afirmó ser su dueña y pidió dinero para renunciar a él, por lo que los trabajadores organizaron una colecta. En otro intento, un hombre quiso llevárselo, pero quienes frecuentan el hospital impidieron que lo hiciera.
Por su permanencia en el lugar, Martín es considerado casi un integrante del hospital y su historia recuerda la de Hachiko, el perro japonés que esperó durante años a su dueño fallecido en una estación de tren. En Bolivia también se conocen casos de perros que permanecieron cerca de los lugares donde murieron o estuvieron internados sus amos.




