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John Boyne presenta dos novelas sobre su natal Irlanda en la FIL Guadalajara

Guadalajara, Jal. | Al irlandés John Boyne le interesa la historia y tras darse a conocer mundialmente con su quinto libro, El niño con el pijama de rayas, que fue llevado al cine en 2008 por Mark Heman, escribe por primera vez acerca de acontecimientos históricos de su país: los abusos sexuales contra niños en los seminarios de los años 40 y 50 en Las huellas del silencio y el recorrido de la comunidad gay para llegar a la aprobación del matrimonio igualitario en Las furias invisibles del corazón, ambos presentados por el autor en una conversación con el periodista Sergio Sarmiento en el marco de la FIL Guadalajara.

El escritor, que también firmó libros y convivió con sus lectores, anunció que acaba de publicar otro libro, (aún no editado en español), también basado en la historia, pero mucho más ambicioso.

“Me encanta lo histórico, este libro, que se llama La cámara de eco, empieza desde el año cero, hasta 2010, y lo que quiero mostrar es que no importa si pasan 2 mil años, algunos aspectos no cambian: Si tienes 14 años en Turquía en el año 400, tendrás las mismas emociones que un escocés del siglo XVI”, señaló el también autor de El pacifista.

Agregó que para él, lo más importante es “darle a la gente algo de lo que pueda hablar, cada persona tendrá diferentes visiones de lo que lea y más que darles respuestas, quiero estimular las preguntas y que ellos tomen las del riendas diálogo después leer”.

Recordó que su país comenzó a cambiar en 1990, cuando Mary Robinson fue elegida como su primera presidenta.

“Pero en el tiempo en el que está ambientada Las huellas del silencio, si bien toda la gente sabía lo que ocurrió con los seminaristas, no podían ir a contarlo a la Policía porque si por ejemplo, eras dueño de la tiendita del pueblo, la gente ya no te iba a comprar porque te atreviste a señalar a la Iglesia”.

Además, agregó, normalmente los seminaristas eran jóvenes de familias modestas y numerosas a quienes sus padres enviaban con los sacerdotes para su educación porque no podían atenderlos.

“No iban al seminario por una vocación, pasaban su juventud ahí, sin ninguna experiencia de la vida, creyendo que lo que sucedía era normal, haciendo bromas de que a tal profesor le gustaba un alumno. Yo estuve en una escuela de hombres, católica, y de siete profesores, cuatro enfrentaron un pena judicial. Éramos 60 maestros y 800 niños”.

Respecto a la historia del trato a la comunidad LGBT en Irlanda, que aborda en Las furias invisibles del corazón, apuntó que en los últimos años, todavía eran tratados discriminatoriamente. “Cuando yo iba a la Universidad, era un delito ser homosexual y 22 años después, se ha aceptado el matrimonio igualitario”.

Defendió la importancia de integrar el humor a su narrativa pues “cuando escribes novelas tristes te vuelves triste” y reconoció que el escritor estadounidense John Irving ha sido una influencia para él. Tanto, que se tatuó una frase de él: Todos somos casos terminales. “Pero no se pongan tristes, al contrario, este mundo va a morir, así que deberíamos disfrutarlo”, concluyó.

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