Inicio Cultura Las tres venidas de Nuestro Señor Jesucristo | Por Monseñor Dávila

Las tres venidas de Nuestro Señor Jesucristo | Por Monseñor Dávila

“Veremos al Hijo de Hombre que viene con gran poder y majestad”. San Bernardo distingue tres venidas de Nuestro Señor: su venida en la carne, cuando nació en Belén; su venida en espíritu, cuando viene a habitar en nuestras almas por su gracia, y su venida final, cuando vendrá a juzgar a los hombres.

La primera fue humilde y oculta; la segunda, misteriosa y llena de amor; la tercera será con gran poder y majestad y terrible. La segunda es el fruto de la primera, y nos prepara para la tercera.

Consideremos hoy, en estas tres venidas para dar gracias a Jesucristo por la primera, merecer la segunda y disponernos a la tercera.

Primera venida de Nuestro Señor en su vida mortal.

Recordemos las diversas circunstancias de la primera venida de Jesucristo.

1. Primeramente, por qué y cómo Dios nos la había prometido. Caída del hombre, sus tristes consecuencias. Bondad y misericordia de Dios prometiendo un Salvador. Promesa cien veces renovada por Dios y por sus Profetas: “Según lo que había prometido a nuestros padres” (Luc., I, 55).

2. Cómo el Mesías prometido fue esperado y deseado durante miles de años por los Patriarcas y justos de la antigua Ley.

3. Cómo al fin vino en la plenitud de los tiempos, atraído sobre todo por la humildad, la pureza y los ardientes deseos de la bienaventurada Virgen María. Misterio de la Encarnación. Su nacimiento pobre y humilde en Belén., su vida de sufrimientos y de trabajo; su vida oculta y su vida pública; su Pasión dolorosa.

4. Vino para expiar nuestros pecados y rescatarnos de la esclavitud del demonio, para destruir el imperio de Satanás y restablecer el reino de Dios, para instruirnos y mostrarnos en camino de la virtud y del cielo con su doctrina y sus ejemplos.

Esta primera venida de Jesús trajo a la tierra la luz, la paz, la salvación: “En la tierra paz a los hombres de buena voluntad” (Luc., II, 14).

Agradezcamos a Nuestro Señor la gracia que nos ha hecho llamándonos a la luz de su Evangelio. Procuremos seguir siempre la luz que desde Palestina se ha difundido en medio de nosotros. Roguemos para que se acerque la hora de la conversión de los pobres pecadores.

Pidamos al Señor que acoja favorablemente los suspiros y las súplicas de su Iglesia: “Esta es la vida eterna que te conozcan a ti, único Dios verdadero, y a tu enviado, Jesucristo” (Juan XVII, 3) 

Segunda venida de Jesucristo, completamente espiritual, en nuestras almas.

1. Es, como hemos dicho, fruto de la primera. Es misteriosa y llena de amor. Consiste en la gracia, en la vida sobrenatural del alma; en el reino espiritual de Jesucristo en nosotros: “Yo he venido para que tengan vida, y la tengan en abundancia” (Juan X, 10)

2. Pero, ¡Cuántas almas no quieren recibir a Jesús! Porque como dice San Juan “Vino a los suyos, y los suyos no lo recibieron” (Juan I, 11); “No queremos que este reine sobre nosotros” (Luc., XIX, 14)

Muchos por malicia rehúsan incluso creer en Él, reconocer su divinidad y su realeza, y aprovecharse del gran beneficio de la Redención.

Otros, después de haberlo adorado y recibido, reniegan de Él, lo arrojan de su corazón para seguir la triple concupiscencia y ser esclavos del pecado y de Satanás.

Otros, por último, cobardes, tibios; indiferentes, fingen no oír a Jesús y rehúsan abrirle su corazón.

¿quién podrá decir el desgraciado estado de estas almas, en donde no reina Jesús? No tienen la vida de la gracia, están muertas: “Tienes nombre de vivo, pero estas muerto” (Apoca., III, 1).

Rehusando la luz, se han sumido en la noche del pecado: “Estaban sentados en tinieblas y sombras de muerte” (Salmo CVI, 10); es Satanás quien reina en ellas, son como: “Tierra de negrura y de sombras” (Job, X, 21); y árboles infructuosos.

3. Por el contrario, ¡qué dichosas son las almas a las que vienen Jesús y en donde reina como dueño! “Más a cuantos le recibieron les dio el poder de venir a ser hijos de Dios, a aquellos que creen en su nombre” (Juan, I, 12).

¿Quién podrá expresar los goces puros y celestiales que les trae esta venida de Jesús? Es un gusto anticipado del Paraíso. ¿Qué son los goces engañosos del mundo en comparación de estos divinos goces?

4. Pero, ¿cuáles son las almas en las que entra Jesús para morar y reinar en ellas? Son, ante todo, las almas puras: “Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios” (Mat., V, 8); “Mi amado es para mí, y yo para él. Pastorea entre azucenas” (Cant., II, 16).

Son en segundo lugar, las almas humildes; la humildad agrada a Jesús y le atrae. Son, en tercer lugar, las almas amantes y fieles, que suspiran por Él, no piensan más que en Él, y se esfuerzan en hacer en toda su voluntad: “Si alguno me ama, guardará mi palabra; y mi Padre le amará, y vendremos a él y en él haremos morada” (Juan, XIV, 23).

¡Quiera Dios que merezcamos esta dicha! Seamos tales que Jesús se complazca en venir a nosotros y nos colme de su gracias.

Tercera venida de Jesucristo, gloriosa.

1. Jesucristo vendrá al fin de los tiempos para juzgar a todos, es de fe.

2. ¿Cuándo vendrá? Nadie lo sabe. Estamos avisados que será en el momento en que los hombres menos lo piensen, por lo mismo debemos: “estar vigilantes”; y “estar preparados” (Mat., XXIV, 42 y 44).

3. ¿Cómo vendrá? De una manera aparatosa y terrible. Jesucristo vendrá en todo su poder y su majestad; lleno de bondad y de dulzura para los justos que aprovecharon de su primera venida, pero terrible para los pecadores.

4. ¿Para qué vendrá? Para la manifestación de su gloria, para la exaltación de su sagrada humanidad, para la justificación de los buenos, para la confusión de los malvados.

5. La Iglesia suspira por esta tercera venida, que consumará todas las cosas, que abrirá las puertas de la eternidad y que completará el número de los elegidos.

Sin embargo, como este día será un día de cólera: “Día de ira, de calamidad y miseria como dice la Secuencia de la Misa de los difuntos. La Iglesia, como una buena madre, tiembla y teme por sus hijos, muchos de los cuales, estarán a la izquierda del supremo Juez y serán arrojados a las eternas tinieblas.

Para hacernos evitar esta desgracia, ella nos recuerda hoy aquel día espantoso, a fin de despertar un saludable terror en el alma de los que duermen en el pecado y emprendamos una nueva vida más cristiana.

Por último. Aprovechémonos bien este tiempo de Adviento para celebrar dignamente la primera venida de Nuestro Señor, a fin de merecer que Él venga a reinar en nuestros corazones y los colme de sus gracias. Así podremos esperar con toda tranquilidad y desear su tercer advenimiento, con la dulce esperanza de escuchar de su boca está feliz invitación: “Venid, benditos de mi Padre”.