Cultura

La danza chihuahuense desde dentro, en uno de los escenarios más simbólicos del mundo: el Vaticano

Para la Academia de Danza Cusárare, el viaje a Roma fue mucho más que una presentación. Fue una experiencia que marcó a cada uno de sus integrantes, un cúmulo de emociones que comenzaron desde el momento en que supieron que pisarían el Vaticano y que hoy permanece grabado en su memoria.

Entre nervios y emoción
El maestro Luis Antonio Martínez Tarín, director de la academia, recuerda que el anuncio del viaje llegó acompañado de una sensación profunda de orgullo, pero también de un compromiso enorme.

“Desde el inicio hubo nervios, emoción y mucho entusiasmo. Sabíamos la visibilidad que tendría y la responsabilidad que implicaba no solo representar a Cusárare, sino a Chihuahua y a México. Teníamos claro que debíamos dar lo mejor, aun estando lejos de casa”, compartió.

Sentir a Chihuahua cerca
Aunque la distancia los separaba de su tierra, el grupo nunca se sintió solo. Mensajes de aliento, orgullo y cariño llegaron constantemente desde Chihuahua, reforzando el ánimo de los bailarines.

“Era como si nuestras familias estuvieran ahí con nosotros. Además, fue muy especial sentir el afecto de los mexicanos que estaban en Roma y que, al vernos, se acercaban emocionados. Se nota el amor que le tienen a México y a su cultura”, relató.

Momentos que no se repiten
Entre las vivencias que más marcaron al grupo estuvo la oportunidad de estar frente al Papa durante la misa y recibir su bendición, una experiencia que describen como única.

“Compartir ese momento, ver a nuestros hermanos rarámuris y a representantes de la cultura chihuahuense reunidos en un mismo espacio tan importante, me llenó de nostalgia, felicidad y un profundo cariño por Chihuahua”, expresó el director.

La respuesta del público
Compartió además que la reacción de los asistentes fue inmediata. El zapateado, los giros y la fuerza del baile captaron la atención del público, que respondió con aplausos, gritos y muestras de entusiasmo.

“Escuchábamos gritos de ‘¡Viva México!’. La gente se emocionaba mucho con los movimientos, con los vestidos, con los instrumentos. En cuanto comenzábamos, sabían exactamente lo que estaban viendo”, recordó Tarín.

Trabajo detrás del escenario
Detrás de cada presentación hubo meses de preparación, evaluación y disciplina. Aunque los bailarines trabajan durante todo el año, el proceso previo al viaje implicó una preparación intensa para garantizar un espectáculo de calidad.

“Ha sido un camino de constancia. El grupo ha pasado por muchos momentos, pero el trabajo siempre sale a relucir. Si hoy vivimos esta experiencia es porque los bailarines se han entregado con firmeza a cada ensayo y presentación”, afirmó.

Un viaje lleno de motivación
Para Cusárare, esta experiencia no representa un cierre, sino un impulso para seguir avanzando. Más allá del escenario, el viaje abrió nuevas perspectivas, especialmente para los jóvenes.

“Esto les abre la mente, les abre oportunidades. El objetivo siempre ha sido el bienestar de los chicos y que vean que, con trabajo y compromiso, los sueños sí se pueden cumplir”, concluyó el maestro.

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